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Existen tradiciones que forman parte de la vida de algunas personas, tradiciones en las que el dinero, el status y el apellido han segmentado a una esfera social dentro de nuestra ciudad y dado vida a lo que conocemos como el Guadalajara Country Club de Golf.
A pocos kilómetros de distancia, ciertas calles se transforman todos los domingos en pistas de atletismo, patinaje y ciclo-pistas para que miles de personas asistan, sin ningún costo, a hacer deporte y convivir. Es así como se da vida al proyecto que conocemos actualmente como la vía RecreActiva.
Los muros que aíslan a uno de estos puntos de encuentro tanto social como deportivo del resto de la ciudad no son meramente físicos, sino también ideológicos. Los socios adquieren su membresía de forma hereditaria y cada vez con un precio mayor a pagar. De hecho, ya no solo es suficiente ser hijo de un socio para seguir perteneciendo al club (al llegar a la edad adulta o al contraer matrimonio); sino que ahora es necesario tener acciones y entrar en una lista de espera para poder seguir siendo socio.
“El perfil de los socios es el de tradición en las familias que han estado aquí durante muchos años. Se trata de personas de bien, honestas y transparentes donde sea muy clara la procedencia de sus ingresos. No tienen que ser necesariamente dueños de una empresa, sino también pueden ser directivos.”, comenta Julio Sánchez Mejorada, director del club.
Por otro lado, la apertura del otro punto de encuentro a lo largo de sus 65.37 kilómetros, en la vía Recre Activa, permite la mezcla de diferentes personalidades con diversas ideologías, educación y formas de vida. El acceso es libre. “En la calle todos somos iguales. Tú puedes ir vestida de Giorgio Armani y yo con ropa de segunda y no se nota la diferencia. Todos somos iguales. Yo puedo traer una bicicleta de 20 mil pesos y el que está alado mío una bicicleta que le presta el Informador y no hay diferencia, llegamos al mismo lado, nos divertimos igual, convivimos con nuestras familias. Ahí te aseguro que van ladrones, rateros, narcotraficantes, drogadictos, de todos los colores y sabores, empresarios, políticos etc. Y no hay diferencia.”, afirma Rocío Herrera, arquitecta impulsadora de éste proyecto en Guadalajara.
En 1909, un grupo de 12 familias extranjeras conformado por principalmente franceses, ingleses y algunos americanos que residían en la ciudad iniciaron con el proyecto de crear un club de encuentro deportivo, para después invitar a otras 25 familias tapatías y convertirse en un espacio de encuentro social al que pertenecieran las familias de mayor abolengo de la ciudad. Actualmente son 1200 las familias descendientes que conforman el Guadalajara Country Club, lo que da un estimado entre 4000 y 4500 socios en total.”La idea es mantenernos en estas cifras. A pesar de que no podemos controlar la explosión demográfica, si podemos controlar el número de familias”. Afirma Sánchez Mejorada.
Jorge Verea Gandoulf, un joven socio-accionista del Club, practica dos horas diarias el deporte de la equitación y dice sentirse muy orgulloso de formar parte del Country. “Definitivamente es un plus en tu vida”. Además, comenta que prácticamente todos sus amigos de la infancia asisten de igual forma, por lo que se reúnen ahí cada semana a éste lugar en el cual es recibido como si estuviera en su casa y en el que se siente cómodo de la forma que se siente alguien, que está perfectamente familiarizado con el espacio. “Son muchas las anécdotas en este lugar, es increíble la cantidad de chismes que circulan por aquí. Es que en realidad casi todos nos conocemos desde siempre”. Jorge Verea Gandoulf.
En el 2002 cuando un grupo de joyeros decide rescatar la plaza Tapatía, acuden a tres empresarios (Guadalajara2020) en busca un reglamento de imagen urbana para dicha plaza. Fue así como contactan a Peñaloza Londoño alcalde de Bogotá, Colombia. Del 98 al 2000 había impulsado un proceso de transformación a su ciudad. Con la finalidad de Impulsar en Guadalajara el mismo proyecto que años atrás se había hecho en Bogotá, Guadalajara2020 viaja a dicha ciudad con el fin de analizar la viabilidad de la vía RecreActiva en Guadalajara. Para el 2004 el proyecto se pudo llevar acabo y hoy en día, cada domingo se cuenta con aproximadamente 300 000 usuarios que, sin ningún acto violento o accidente hasta la fecha, conviven en un mismo espacio.
Adolfo Ortega e Iván Segura asisten a la vía RecreActiva prácticamente cada semana, desde sus inicios hace ya cinco o seis años. Lo disfrutan porque, según dicen, es un lugar en el que se puede realizar correctamente ejercicio; siendo que es difícil encontrar en esta ciudad espacios adecuados para realizar deportes como el patinaje. “Nos gusta venir porque es seguro, de otra manera no podríamos”. El ambiente familiar, el hecho de que es impersonal y que “cada quién está en lo suyo, moviéndose”, son algunos de los aspectos que hacen que estos dos no se pierdan de disfrutar de la vía RecreActiva cada domingo, donde recorren aproximadamente 20 kilómetros en cada ocasión.
Edgar e Iván en la Vía RecreActiva.
Los espacios forman parte de la identidad, de la historia, de la cultura de las personas. “Todos los grupos necesitan un espacio que reafirme su condición de grupo”, explica el maestro en comunicación Christopher Estrada. Los espacios a los que pocos tienen acceso que se encuentran aislados del resto de la ciudad, ofrecen un abanico de opciones y servicios a los que una persona puede acceder sólo por tener la capacidad económica para hacerlo. Así mismo insiste que las personas que asisten a un club lo hacen a cambio de adquirir un conjunto de satisfactores que tienen que ver con la reafirmación del estatus que se posee o se cree poseer.
“Todos los seres humanos construimos nuestra identidad añadiendo atributos que reafirman la percepción que tenemos de uno mismo”, asegura asintiendo que en este caso son principalmente las prácticas sociales las que refuerza la identidad. Sin embargo, Estrada opina que es lamentable el hecho de que esto se haya convertido en un tema de segregacionismo y egocentrismo. “Nos falta imaginación para buscar otras alternativas para relacionarnos y convivir. Para buscar homogenizar y no segmentar la sociedad con los espacios públicos y privados”.
Sin embargo, en las ciudades también existe la opción de los espacios abiertos que fomentan la inclusión social y la solidaridad cultural entre las personas. Espacios como la vía RecreActiva o el parque San Jacinto que son impulsados por y para la sociedad. “La manera de transformar la sociedad, es cambiar la mentalidad egoísta y excluyente.” comenta Herrera. Así mismo, afirma que para cambiar dicha mentalidad es importante transformar los espacios públicos y la manera en que éstos se conciben.
Por otra parte hay identidades que no se encuentran definidas tan claramente, que buscan y encuentran los contrastes como lo es el caso de Isabel Ochoa, estudiante de Diseño en el ITESO, que ha asistido al Country Club durante toda su vida y varias generaciones de ambas partes de su familia lo han hecho también. El club representa para ella un lugar que a su pesar, le ha generado un sentimiento de
“La manera de transformar la sociedad, es cambiar la mentalidad egoísta y excluyente.”pertenencia y un status por el simple hecho de asistir a él. Es así como Isabel lucha entre eso y otra parte de su personalidad, en la cual la sencillez es un parámetro mediante el cual intenta regir su vida. Donde se enfrenta a lo que ha sido, es y debe de ser, tanto para sus familiares como para sí misma.
Isabel Ochoa
“Yo no tomé conciencia de lo que era el Country, hasta mucho tiempo después”, nos cuenta un tanto nerviosa. Ve el Country club como un lugar al que va a hacer ejercicio, en el que puede encontrar reunidos casi todos los servicios que busca, como las instalaciones deportivas o el salón de belleza, espacio dónde guarda muchos recuerdos de su infancia y de su vida actual; como desayunar con su mamá o correr con su novio, también socio del club. Sin embargo Isa admite que teme adentrarse demasiado en el ambiente del club. “Es un ambiente demasiado pesado, en vez de ser un lugar de convivencia se vuelve de competencia.”
Igualmente, tomando en cuenta todas sus tradiciones, intenta conservar su gusto por el ejercicio al aire libre sin importar el lugar donde lo lleve a cabo. Isa se confiesa fanática de la Vía RecreActiva.
“He ido muchas veces y me encanta. Es padrísimo ver a tantas personas tan diferentes que se levantan con gusto para estar ahí y realmente lo aprovechan de buen humor.”, exclama. Dejando en casa su apellido, casa o posición, realiza actividades recreativas en diferentes espacios sin importarle que sean exclusivas o no.
Vivimos en una sociedad polarizada que genera diversos conflictos sociales y que cada vez se vuelve más excluyente. Sin embargo, aún así es posible encontrar actualmente un equilibrio. No cabe duda de que la mejor manera de homogenizar nuestra sociedad, es cambiando la mentalidad de la gente que la conforma. Para hacer esto, es necesario transformar los espacios públicos y la percepción de estos. Hay pequeñas cosas que se pueden realizar que logran importantes cambios en la calidad de vida. La base está en la solidaridad y la imaginación, para no dejarnos llevar entonces por la salida fácil; la creación de muros.